afrontar pérdidas y duelos 30 Oct 2019

BY: Marcela Lockett

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Cómo atravesamos los duelos y cuando pedir ayuda psicológica.

En este post hablaremos de porque nos resulta difícil superar las pérdidas y duelos y de la necesidad de dar espacio a nuestras emociones y sentimientos. De la necesidad de búsqueda de apoyo de un psicólogo si vemos que el proceso de duelo se estanca.

Muchas veces ante las pérdidas, las personas más cercanas suelen darnos consejos con la mejor intención “pasa página, déjalo atrás, sigue tu camino”. Si lo hiciésemos rápidamente, si nos sobreadaptáramos a la situación acontecida, como si no hubiese ocurrido, estaríamos negando el tiempo de duelo necesario para poder “dejar atrás” de manera saludable.

Mucho se ha escrito sobre el duelo y sus fases, aquí destacaremos que es un proceso que necesita un tiempo cronológico y mental necesario para retirar la carga emocional y libidinal del objeto perdido sintiendo el dolor que conlleva. Esto nos permitirá poder trasladarla a  otros aspectos de nuestra vida, o a nuevos afectos.

Entendemos que los duelos, tienen que ver con las pérdidas, no sólo la muerte física de un persona querida y cercana. Las rupturas de parejas, la pérdida de ideales, un trabajo que se acaba, que nos sostenía en la identidad. También la pérdida de etapas anteriores: la infancia, la adolescencia. Cuando crecemos, perder por ejemplo la rabia adolescente y aprender a manejar las situaciones y resolver los conflictos más asertivamente. Si bien es un cambio positivo, podemos sentir que nos hemos conformado, perdiendo un aspecto que antes nos identificaba.

Me da miedo sentir, o no siento nada: ¿que pasa con las emociones?

Las pérdidas no implica sólo al objeto, sino lo que se sentía con él, el estado emocional “ya no me río como antes desde que no está”. Hablando de etapas como la adolescencia una paciente decía: “yo antes molaba más, ahora tienes más responsabilidades sientes que pierdes parte de la libertad” . 

El proceso de duelo esta lleno de emociones, muchas veces contradictorias. Las mismas van cambiando a lo largo del tiempo: sentimientos de culpa, rabia, idealización del tiempo pasado, angustia, nostalgia, tristeza.

Permitirnos sentir la emoción, sin bloquearlas o negarlas; aprender a tolerarlas sin que nos desborden, puede ser un objetivo en el acompañamiento de los duelos en la psicoterapia. Las emociones son termómetros que nos hablan de lo que sucede en nuestro mundo interno. Aprender a escucharlas, sentir nuestro cuerpo (que es la base de las mismas, las sensaciones corporales). Esto nos permitirá ir hacia la acción, por ejemplo buscando el contacto y consuelo de un ser querido, o ayuda de un psicólogo si vemos que nos desborda y estamos muy por fuera de “nuestra ventana de tolerancia”. Daniel Siegel habla de ella como la franja donde nuestros estados emocionales tienden a la calma y la tranquilidad. Como suelo explicarlo en terapia: si nos salimos de la misma por encima de ella estaremos en la hiperactivación produciéndose sintomatología ligada a la ansiedad. Si nos salimos de ella por debajo, estaremos en la hipoactivación, generándose sintomatología ligado al estar bajo de ánimo o síntomas de depresión como ser apatía, desgano, no sentir placer por nada, falta de vitalidad y angustia automática.

Hemos de darnos permiso para sentir, dejar que las emociones fluyan. Si las bloqueamos quedaran atrapadas en nuestro interior. La consecuencia será que el pasado no está en el pasado. Será más difícil continuar con una vida fluida, como el agua de un río que corre sin estancarse.

¿Porque tendemos a negar los duelos en vez de atravesarlos?

No estamos acostumbrados en nuestra cultura a darle espacio a la muerte como parte del proceso de la vida. Atendiendo adultos que han perdido a seres queridos de pequeños, recuerda como las muertes fueron negadas, pensando que cuanto “menos sepan menos sufrirán”, no permitiendo integrar esas pérdidas a su ciclo vital.

Daniel Siegel (Siegel, 2011) nos dice que la parte prefrontal del cerebro humano es la encargada en producir la sensación de continuidad y permanencia de la existencia. Esto permite que se desarrolle una narración que conecta el presente, pasado y futuro. Todo ello produce una sensación de certeza, “nos hace sentir que podemos conocer y controlar nuestra vida.”

“Hay un impulso hacia la permanencia, una negación de que la muerte sea el final”. 

Pero paradójicamente, “el cerebro como mecanismo que procesa información nos hace saber que la vida es pasajera e incierta, que está limitada por el nacer y el morir”.

El ciclo de la vida:

Afrontar duelos y pérdidas

Con los pacientes utilizo un video en el que se ve a un padre con su hijo, enseñándole de pequeño por medio del juego a tocar al piano, están en una isla. El niño aprende a ir separándose y manejando el bote para poder conocer nuevas zonas de los alrededores. En un momento ese crecimiento hace posible la partida del hogar a recorrer mundo. Su padre lo saluda desde el puerto. El video muestra el paso del tiempo, su padre haciéndose mayor, el hijo formando su familia. Cuando regresa a casa su padre esta muy enfermo, lo cuida los últimos días. Al morir se muestra lo que ha quedado del vínculo padre-hijo, él ahora con su propio hijo. Se muestra igual de cercano, disfrutando de la manera de estar que le ha transmitido su padre: íntima, por medio del juego, disfrutando de la música. El mensaje es el mismo: el paso del tiempo y su aceptación. Lo perdido esta en nosotros mientras estamos vivos y luego pasa a ser herencia de aquellos con los que hemos compartido.

La muerte como parte de la vida.

Estar vivo (estando muerto físicamente), es seguir estando en la memoria de aquellos seres con los que hemos compartido, o hemos dejado nuestra huella a través de lo vivido, o por ejemplo trascendiendo como parte de la cultura.

Preguntas que nos hacemos en la terapia: ¿dejarías de vivir lo que has vivido porque sabes que en algún momento eso ya no va a estar, lo vas a perder? 

La respuesta hace a la diferencia entre vivir una vida con miedo a las pérdidas, y la falta de integración de las que ya han acontecido y la aceptación, la flexibilidad en la vida, el saber que nuestras experiencias y vínculos forman parte de la construcción de  la persona que somos.

Como bibliografia os recomiendo:

Mindsight “la nueva ciencia de la transformación personal” de Daniel Siegel, donde el el capítulo 12: “Tiempo y mareas,” afrontar la incertidumbre y la mortalidad. (Paidos, 2011).

miedo a los cambios 09 Sep 2019

BY: Marcela Lockett

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Miedo a los cambios: como ganar seguridad y autoestima.

Existe un perfil, desde mi experiencia en consulta, de chicas jóvenes, que suelen tener poca tolerancia a la soledad, miedo a los cambios, a crecer, y a atravesar los duelos ya sea de seres queridos o las pérdidas de etapas anteriores: infancia, adolescencia. Hay una sensación de base de inseguridad, a veces de baja autoestima, que viene acompañada de la creencia de no poder hacer frente al mundo, imponiéndose los pensamientos de que el mismo es peligroso, el temor a lo desconocido. Intentaré en este artículo, responder si es posible superar esas situaciones, destacando como la psicología puede ayudarnos a enfrentar nuestros miedos, aprender de nuestra historia, entendiéndola y elaborándola, para salir de lo que creemos que es nuestra zona de confort, y tener una vida más plena.

El estilo de apego preocupado o ambivalente:

Si nos preguntamos de donde vienen esas sensaciones, me gustaría recordar el estilo de apego ambivalente, que en los modos de relación adultos se denomina “preocupado”.

Si recordamos que los estilos de apego tienen que ver con los modos de relación que han establecido los adultos en la crianza con los niños y niñas, diremos que estas figuras de apego suelen estar muy preocupadas por la seguridad de la niña, ser figuras ansiosas, que tienden a desbordarse emocionalmente. Cuando la niña necesita al adulto para calmarse, ante una situación de estrés, este reacciona de una manera muy intensa, encontrándose desbordado por sus propias emociones y por lo tanto no pudiendo calmar al infante.

A Gonzalez (Gonzalez, 2017) expresa: “estas madres piensan que quiere cuanto más se preocupa, y que si no se preocupase significaría que no quiere.”

Esta situación provoca que halla angustia de fondo, y genera en el niño o niña que intenta dar pasos hacia la autonomía, sentimientos de culpa, porque la figura de apego le transmite que “lo hago porque te quiero o por tu propio bien”. Así, con buenas intenciones pero tendiendo a la sobreprotección, se produce el efecto de no dejar o poner obstáculos a dar pasos hacia la independencia. Muchas veces, también se siente que no quereremos dejar atrás los placeres conocidos, como el calor del hogar de la familia de origen.

Como dice A Gonzalez: “si nos distanciamos somos malas y egoístas, no queremos a quienes nos quieren. Pero si nos quedamos nos sentimos asfixiadas”.

“Madre sabe más”, o lo que le canta la madre a Rapuzel:

Basta recordar la canción que le canta la madre a Rapuzel (de Disney, Enredados), como justificación de no dejarla salir de su jaula de cristal. Si analizamos  el mensaje de la letra, los principales mandatos son:

-tarde o temprano algo saldrá mal.

-Madre te protege, por eso “evita el drama a quien te ama”.

-Sola no podrás sobrevivir.

-eres inmadura, torpe, pato mareado.

-no vuelvas a pedir que te saque nunca de aquí.

-lo digo porque te quiero mucho.

Inseguras y con baja autoestima:

Si no podemos explorar el mundo, si tenemos miedo a experimentar, aunque ello implique una cuota de riesgo en atravesar nuevas vivencias, no podremos probar nuestras capacidades, no tendremos la certeza de que podemos conseguir lo que nos proponemos, y nos llevará a un concepto del si mismo de ser inseguras, pasivas y muchas veces dependientes de los otros (a los que atribuimos mayor poder y responsables de nuestra protección frente a tal oscuro panorama).

Si la niña se siente incapaz, no va a ensayar, va a tender a evitar, y va a mirar a los otros con más capacidades comparándose y encontrándose en deficit. En conclusión: no va a verse a si misma con ojos de amor.

El miedo a los cambios no tiene que ver sólo con la incertidumbre de lo nuevo, sino con la consecuencia de nuestros actos, en las figuras de las que seguimos dependiendo, y los mensajes que nos transmiten. Los sentimientos de culpa, siguen estando una vez se ha crecido, aunque muchas veces se halla podido distanciarse físicamente de los primeros cuidadores. Demandas de los mismos, competencias por ejemplo, con las parejas actuales o amistades: “ya no nos llamas como antes”; “ahora prefieres veranear con tus amigos en vez de venir a ver a tus padres”, habla de la presión que sigue estando presente, cuando estas niñas han crecido y son adultas.

Hablando de dependencia, y teniendo en cuenta la variable género, sabemos de las posibilidades de trasladar ese sentimiento de protección de los padres a las parejas, no desarrollándose la capacidad de estar solas.

¿En que nos puede ayudar la terapia a enfrentar el miedo a los cambios, ganar seguridad y autoestima?

El acudir a un psicólogo para iniciar una psicoterapia puede ser un proceso muy rico, que nos ayude a integrar aspectos del pasado, en los que nos hemos quedado detenidas. En sesión muchas veces decimos, que por ejemplo, ante determinados retos de la vida como quedarnos solas, vuelve aparecer la niña pequeña que tenia miedo a la oscuridad, o que sintió una sensación de soledad real muy grande, o la niña que le enseñaron que no podía hacerlo porque es frágil, débil, incapaz o tan solo por el hecho de ser mujer.

El experimentar nuevas situaciones, a pesar del miedo a los cambios, el tender a la autonomía, implica exponerse, animarse, tolerar las emociones que provocan, ver que no nos desbordan, o aprender a regularlas en la terapia, para así transitarlas y seguir adelante.

Los espacios de soledad, son un logro que hablan de ese proceso de autonomía y fortalecimiento del yo. M Lagarde los define como: “el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas; para ello debemos poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona”.

Esto posibilita llegar a vivir los momentos de soledad con placer,  creatividad, enriquecimiento y  autoconocimiento aprendiendo más de nosotras mismas, a tolerar la frustración, el aburrimiento y sintiéndonos plenamente protagonistas.

Así nos diremos, como Frida Khalo, “para que necesito pies si tengo alas para volar”.

Lecturas recomendadas y mencionadas: Marcela Lagarde “La soledad y la desolación”.

Anabel Gonzalez:  “No soy yo: entendiendo el trauma complejo, el apego y la disociación”.